El 24 de junio, un doble terremoto sacudió el centro de Venezuela, golpeando con especial fuerza a La Guaira. Miles de familias perdieron sus hogares, y muchas iglesias de la zona enfrentaron, de la noche a la mañana, una necesidad que las sobrepasaba.
Lo que sucedió después es una de esas historias que nos recuerdan por qué vale la pena este trabajo, no porque resuelva la magnitud de la tragedia, sino porque muestra que otra forma de responder es posible.
Un grupo de ingenieros del ministerio Engineering Ministries International (EMI), invitado por Camino Alliance, capacitó a líderes de 15 iglesias en Caracas y dos localidades de La Guaira, para evaluar si una vivienda seguía siendo habitable, y para ofrecer primeros auxilios emocionales y espirituales a quienes atravesaban duelo y trauma.
El resultado incluyó un contenedor de alimentos y artículos de higiene distribuidos entre 17 iglesias y organizaciones. Pero lo más significativo fue otra cosa: Global Care Venezuela, Next Step Venezuela, la Iglesia Las Acacias y la Convención Nacional Bautista, cuatro organizaciones con las que venimos caminando desde hace varios años, decidieron responder juntas, sin competir entre ellas, entendiéndose como un mismo cuerpo. Cada una aportó lo que tenía — contactos, presencia local, capacidad logística — y el resultado fue mayor que la suma de sus partes.